Un hotel que tiene como concepto la música.
Partimos de una abstracción del sonido, el cual comprendemos como una onda de energía expulsada que gradualmente pierde fuerza e integridad, y desaparece. El concepto arquitectónico del hotel se centra en la materialización de este proceso de vibrante expresión excéntrica y su subsecuente decadencia que anima la difusión del sonido.
Desde el comienzo no consideramos la planta baja del hotel, que es el foco de la actividad pública, como un volumen sólido y contenido. Distribuimos los puntos clave del programa público por el sitio creando la mayor dispersión posible, de manera que permitan abarcar y aprovechar las cualidades naturales del sitio, lejos de la torre central. Entre más se alejan de la torre central, estos espacios se someten a un proceso de desmaterialización. Espacios acogedores revestidos en madera gradualmente se transforman en vidrio. Curvas refinadas se degeneran en polígonos simples.
Hacia los bordes del sitio el hotel se ha desmaterializado en formas tranparentes y bruscas que se abren a los árboles y permiten que la mirada continúe hacia el horizonte.
El hotel desaparece.



































